Tsuntsuim:
Una comunidad olvidada de la Amazonía ecuatoriana 12 de diciembre de 2017

Son las ocho de la mañana en la selva serrana de la Amazonía ecuatoriana mientras mujeres y hombres indígenas Shuar se alistan para trabajar en el campo y niños juegan futbol en una cancha rodeada por casas en la comunidad de Tsuntsuim.

Las nubes acarician las sierras aterciopeladas de guarumbo al margen del caudaloso río Zamora que abastece a esta comunidad centenaria, un poblado en la provincia de Morona Santiago en el Ecuador que fue desplazado por fuerzas militares a partir de diciembre del año pasado por casi cuatro meses después de que defendiera su territorio de un proyecto minero.

Sus habitantes cuentan que ningún medio internacional ha ingresado para preguntarles qué fue lo que pasó desde entonces.

Aparte de eso, escasos reportes locales o corresponsales internacionales han colocado a la comunidad en la perspectiva del conflicto.

La entrada a la comunidad de Tsuntsuim. El camino para llegar hasta ahí de San Carlos –el poblado más cercano– demora de dos a tres horas a pie por un camino selvático lleno de lodo, el cual incluso a militares les impidió llegar. (© Ricardo Martínez)

En aquel diciembre, las 24 familias en la comunidad –integrada por 52 adultos y más de 100 niños– tuvieron que huir apavoridos y refugiarse en la selva o en comunidades indígenas Shuar aledañas, porque la mayoría de los hombres de Tsuntsuim junto con algunos líderes de la antigua comunidad de Nankints –la primera en ser totalmente desplazada el año pasado– se juntaron para defender su territorio del proyecto.

A sólo cinco kilómetros al norte de Tsuntsuim contra corriente del río, el sitio de la antigua Nankints fue el punto de encuentro para protestar y sacar al campamento minero de la empresa Explorcobres S.A. que se había emplazado allí.

Con esta base de operaciones se comenzaba a explorar más a fondo grandes yacimientos de cobre y oro en la región con el objetivo de desarrollar una mina enorme de tajo abierto.

“Éramos menos de 70 personas. Y llegaron [muchos] militares, con tanques, helicópteros Puma, gas y armas. Nosotros sólo teníamos escopetas de caucho, con eso cazamos”, le cuenta a este reportaje Axel, un hombre alto, delgado y de unos 30 y pocos años habitante de Tsuntsuim que prefiere no revelar su nombre porque aún siente que lo perseguirán por su rol en la protesta en contra del megaproyecto minero encabezado por la empresa.

Hasta ese episodio del 14 de diciembre de 2016, cuando el gobierno declaró estado de excepción por la muerte de un policía tras el enfrentamiento, la población de Tsuntsuim había vivido sin problemas en su comunidad por más de 100 años.

Mujeres en camino a Tsuntsuim. El largo trayecto para llegar a la ciudad más cercana comienza saliendo a las cinco de la mañana de su comunidad. Regresan hasta el atardecer. (© Ricardo Martínez)

Como Axel, otras identidades también se mantendrán en anonimato porque aún existe una lista de 50 personas que fueron perseguidas, ya que son culpadas de asesinato por el gobierno central, de acuerdo a grupos activistas ecuatorianos.

En la época del enfrentamiento, el gobierno del expresidente Rafael Correa indicó que fue uno de los manifestantes indígenas quien le disparó a un policía que falleció en el primer enfrentamiento entre fuerzas armadas y hombres de dos comunidades Shuar, por lo que declaró estado de excepción por casi tres meses desde el 14 de diciembre.

Explorcobres S.A., la filial ecuatoriana del consorcio chino de dos empresas estatales –Tongling Non Ferrous Metals y China Railways Construction Corporation–, pretende producir casi dos veces la producción total de cobre de Argentina en el proyecto San Carlos-Panantza.

Y en el futuro, esa área podría extenderse por 27 668 hectáreas a lo largo de 10 concesiones mineras; una extensión equivalente a más de dos tercios de Quito, la capital del Ecuador. Tsuntsuim se encuentra en la concesión más grande de todas, Curigem 7.

Ningún ejecutivo de la empresa pudo ser localizado en persona o vía telefónica para este reportaje.

El campamento minero de Explorcobres S.A. en la extinta comunidad de Nankints, a cinco kilómetros de Tsuntsuim. A lo largo y ancho de las concesiones hay anuncios naranjas que dicen “Propiedad Privada”. (© Ricardo Martínez)

El enfrentamiento y la huída

Axel estuvo presente en el lugar y día de los hechos participando en la protesta y dice que fue desproporcionado el uso de fuerza que se desató después de que irrumpieran ejército y policía.

“Llegaron muchos militares, miles. Y luego un helicóptero aterrizó aquí en nuestra cancha de futbol, de los grandes. Y aquí se quedaron militares”, relata. “Iban niños, mujeres y embarazadas saliendo de aquí”, explica recordando el día que huyeron todos de la comunidad.

“Yo regresé unas dos o tres veces en los tres meses que estuvimos todos fuera de Tsuntsuim, y veía a los militares de lejecitos. Llegó un día que ya no los vi”, cuenta. “‘No vamos a sufrir’, le dije a mi mujer, ‘aunque nos maten’. Y comenzamos de a poquito a regresar. Aún no estamos todos”, cuenta y explica que algunas familias decidieron no volver más, pues optaron por afincarse en nuevas comunidades.

“Cuando ya regresamos, todo estaba tirado, habían tirado todo afuera y en el suelo. Nuestros animalitos los perdimos, toditos”, recuerda con letargo.

Añade que aún hay personas en la comunidad que se asustan mucho cuando escuchan las escopetas de hombres cazando a lo lejos, pues recuerdan el sonido de armas de fuego que reverberó aquel diciembre pasado.

“Y cuando suena un helicóptero es peor. Estamos traumados”.

Tsuntsuim amaneciendo. En esta cancha dicen que aterrizó un helicóptero del ejército. (© Ricardo Martínez)

Los pobladores de Nankints, la otra comunidad ahora desaparecida, habían sido desplazados meses antes del enfrentamiento en diciembre del año pasado, en el que algunos encabezaron la insurrección junto con hombres de Tsuntsuim.

En ese entonces, todas las familas de Nankints se repartieron por otras comunidades en la región y no pudieron regresar, pues el local de su comunidad fue reemplazado por el campamento minero el año pasado. La mayoría se fue a la comunidad de Tiink inicialmente, pero luego partieron a otras comunidades después de algunos meses para asentarse y empezar de cero.

Uno de esos primeros desplazados es el exsíndico –o administrador de la comunidad– de Nankints, Luis Tiwiram, de 61 años, quien ha estado escondido desde entonces, ya que fue él quien lideró la protesta en diciembre junto con habitantes de Tsuntsuim.

“Yo ahorita estoy refugiado en la selva porque soy perseguido”. El problema, dice él, es que se opone al proyecto.

“Vienen a destruir nuestra agua, aire y bosque. Más que todo, nuestra vida”, confiesa. “Yo me encuentro a veces solo, no hay con quien conversar. Pero no puedo debilitarme por este problema, debo seguir firme”.

Tiwiram le cuenta a esta investigación que no ha recibido amenazas y explica que es porque no lo pueden encontrar en la selva.

“Yo no soy procesado ni demandado. Pero me avisan mis compañeros y familiares que el día que yo salga al pueblo, así ciudad, no me van a detener, sino directo me van a desaparecer”, sostiene.

Un paisaje común en territorio Shuar en la provincia de Morona Santiago del Ecuador. Esta es la vista de la sierra cubierta de guarumbo desde la comunidad de Tsuntsuim. (© Ricardo Martínez)

De acuerdo al Adjunto de Derechos Humanos y de la Naturaleza de la Defensoría del Pueblo, y antiguo Defensor del Pueblo en la fecha del estado de excepción, Patricio Benalcázar Alarcón, el no está siendo perseguido. Pero para Tiwiram, va más allá del hecho que su nombre aparezca en la lista o no.

“Amigos que me visitan me han dicho que tengo que estar escondido 10 años. Me condenaron diciendo que yo soy el criminal y que he traído armas”, explica. “Yo quiero desmentir eso. Yo no soy de coger armas y disparar, matar. Yo he dicho que entre ellos se hayan matado, porque nosotros no tenemos fusil”.

Y sobre el episodio violento de aquel diciembre, recalca que no tenían el armamento que el gobierno presume.

“Nosotros carecíamos de armas de esas que tienen los militares. ¿De dónde vamos a tener? Yo siempre digo, nosotros teníamos la escopeta de caucho”, afirma sin titubear mientras un gallo canta en el fondo.

El caso de Zalo, otro poblador de Tsuntsuim, también corrobora la carencia de proporcionalidad en el uso de fuerza por efectivos militares y policías.

Su identidad, como la de Axel, también es reservada. Según Zalo, efectivos militares o policias le dispararon aquel día del enfrentamiento.

Benalcázar de la Defensoría del Pueblo le dijo a esta investigación que el gobierno ecuatoriano no está enterado de su caso.

Zalo dice que la bala le cruzó parte del brazo y se le anidó en la parte izquierda de la espalda. Le perforó el cuerpo y por suerte no le dio en el corazón.

Por primera vez, el joven de 25 años relata lo que le sucedió el día de la llegada de fuerzas armadas al campamento minero.

Algunos habitantes de la comunidad de Tsunsuim posan para un retrato. (© Ricardo Martínez)

“En el cuerpo se me quedó la bala, casi salió. Nuestra intención no era enfrentar sino que ellos mismos provocaban mucho. Llegaban con protector antibalas. ¿Quién creían que éramos, con quién creían que estaban?”, pregunta.

“Traían fusiles, ametralladoras y estaban en el perímetro. Disparaban desde [la] distancia, sonaban los fusiles. [Mucho] gas botaban, las vacas se intoxicaron de gas y se incendió la hierba. Desde los tanques y hasta incluso del [aire] disparaban. No había nadie de vosotros para [tomar] fotografía y pudieran demostrar el nivel de lo que fue”, relata.

“Demostramos que nuestra intención es que ellos se retiren pero así respondieron. Y entre ellos mismos se dieron sin ver yo creo, nosotros no teníamos fusiles”, Zalo aclara.

“Nos mentía el mismo ejército diciendo ‘aquí hay un muerto, vengan a retirar ese cuerpo’. ¿Qué vamos a retirar? Si teníamos a nuestros hombres contaditos”, detalla y prosigue.

“El hombre no es de armas, es de cabeza. Nadie de nosotros murió, nosotros ya sabemos cómo es la vida de campo, como cubrir, esquivar y esconderse. Un Shuar puede estar hasta una semana en la montaña, Shuar sabe cazar”, explica el joven que articula sus palabras meticulosamente.

“Me han comprobado a ver si es que soy [fuerte]”, se ríe mientras toca una canción de bachata antigua en el fondo a volumen bajo. “Sea porque tienen armas se han sentido muy valientes”, Zalo pondera y cuenta que en la comunidad lo curaron con remedios tradicionales.

“Ya empiezo a coger machete pero no puedo alzar peso. Pero hicieron sufrir a mucha gente. ¿Por qué tenía que poner estado de excepción el gobierno aquí? ¿Por qué no pone estado de excepción con tanta corrupción que hay en las ciudades? ¿Por qué no capturaron a los que mataron al líder [José Tendentza]? Pero a nosotros sí vinieron mismos ecuatorianos a hacernos daño”.

A la fecha, no existe una investigación de su caso, según Benalcázar, el Adjunto de la Defensoría del Pueblo.

El Ministerio del Interior y el antiguo ministro, quién ahora es viceministro del Interior, Diego Fuentes Acosta, no respondieron a múltiples pedidos para obtener comentario para esta investigación.

Un niño camina con un libro bajo el brazo en Tsuntsuim. Dos profesores de la escuela en la comunidad son perseguidos por “incitación a la discordia entre ciudadanos”. (© Ricardo Martínez)

'Solo queremos vivir en paz'

El Adjunto de la Defensoría del Pueblo dijo en una entrevista para este reportaje que el 22 de noviembre comenzó la “violencia social” y los enfrentamientos, y sostiene que “ninguno de los actores, ni las organizaciones indígenas ni el gobierno nacional, hicieron caso alguno al llamado de diálogo que hizo la Defensoría”.

Luego, cuando se implementó el estado de excepción, dice Benalcázar que la Defensoría hizo un llamado para que el gobierno “respondiera a estándares mínimos de necesidad, proporcionalidad y de temporalidad y que fuera legítimo y justificable con la finalidad de que se genere un espacio de diálogo y convivencia pacífica”.

Pero todos los testimonios recabados durante el viaje a diversas comunidades de la región que fue tomada por militares, deja evidente que el Ministerio del Interior, ni el gobierno federal, adoptaron dichas medidas.

Los indígenas argumentaron que simplemente estaban defendiendo su casa, su territorio; todo sin armas de fuego.

La Defensoría también hizo tres visitas a comunidades, pero ninguna llegó a Tsuntsuim y la mayoría de los consultados eran de poblados aledaños de colonos –pobladores no indígenas–, quienes decían que estaban en medio de un conflicto armado entre “la gente de la selva” y los militares.

En la segunda, que fue el 29 de diciembre, funcionarios de las Naciones Unidas acompañaron a la delegación de la Defensoría a Santa Rosa y La Esperanza, y de acuerdo a Benalcázar, la lectura que se llevaron fue la de los colonos.

Fue hasta el 28 de enero, en su tercera visita, que la Defensoría se enteró de que la comunidad de Tsuntsuim había sido desplazada. Y hasta el 13 de marzo, en su cuarta visita, entró al poblado.

Una niña esperando a su madre. Son las nueve de la mañana en Tsuntsuim. (© Ricardo Martínez)

Sobre el supuesto disparo de los indígenas hacía fuerzas del orden ecuatorianas, Benalcázar presume que el grupo Shuar mató al efectivo.

De los seis detenidos por su presunta culpabilidad en los hechos, ahora 4 están libres porque no hubo pruebas para inculparlos. Los otros dos también están libres, pero siguen vinculados al proceso penal, aunque no hay pruebas para que los puedan imputar.

Y este pasado 28 de agosto, el Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial de las Naciones Unidas, publicó sus observaciones finales de una visita al Ecuador entre el 8 y 9 de agosto. En dicho documento, ordenó “investigar las denuncias en torno al presunto desplazamiento de familias Shuar, en relación al proyecto minero San Carlos Pananza, y adoptar las medidas que procedan”.

A casi ocho meses después de que se desplazara forzadamente a cientos de familias, Benalcázar dijo que había una investigación aún en curso en la Defensoría. El gobierno federal no se había pronunciado sobre las observaciones del organismo de las Naciones Unidas.

“Ahora estamos esperando a ver qué dice este gobierno con los perseguidos. Hasta ahora no sé cómo está. Según me dicen que va a dialogar con los pueblos indígenas el gobierno, pero yo dudo”, confiesa Tiwiram, el forastero.

“Yo un año espero a ver si el gobierno dice que la minería en Nankints se detiene y en el Tundaimi igual”, indica refiriéndose a Mirador, un proyecto minero de cobre, oro y plata que está al sur de San Carlos-Panantza al margen del mismo río Zamora, que también es controlado por el consocio chino vía otra filial, Ecuacorrientes S.A. y que ya ha dejado lastres ambientales en el avance de su construcción desde 2015.

A un costado del campamento minero de Explorcobres S.A., una madre espera a que su hijo regrese del río Zamora, la caudalosa fuente de agua para muchas comunidades en territorio Shuar del Ecuador. (© Ricardo Martínez)

“Si es que no hacen eso, tocaría nuevamente seguir estorbando. Yo he dicho, las vías legales nunca las respetaron en 10 años. Ahora el pueblo Shuar va a hacerse respetar, le he dicho al ministro, le he dicho a los militares, a todos los del gobierno les he dicho”, declara Tiwiram.

“A este gobierno yo le pido, con buena intención, que el pueblo Shuar y las organizaciones indígenas a nivel nacional hemos dicho no a la minería. Y el [gobierno] dice que va a cumplir lo que dice el pueblo. Ahora quisiera que Lenín Moreno cumpla. Y si no cumple, nosotros como pueblos organizados vamos a hacer cumplir”, recalca.

“Este problema no ha acabado”.

Zalo está totalmente de acuerdo. “Hasta el momento respetamos a este gobierno. Creo que sí entiende el diálogo. Si es que no hay respeto de las autoridades, del gobierno, nosotros tenemos que seguir resistiendo con la cabeza, sin armas, y protegiendo nuestro territorio hasta la última consecuencia. Esa es nuestra decisión”, declara.

“Creo que este gobierno sí tiene oído. [Ojalá] no sea traición como el otro gobierno [de Correa]. Vamos a ver qué dice este gobierno en vista de lo que nos hizo y lo que sucedió. Y nosotros no estamos de acuerdo que la minería de gran escala venga a molestar nuestro territorio y nuestros hijos, de ninguna manera”.

Un niño juega futbol con otros desde la mañana en la comunidad de Tsuntsuim. Muchos de ellos ahora sonríen a pesar de haber sido desalojados forzadamente por militares en diciembre del año pasado. (© Ricardo Martínez)

El futuro del territorio Shuar

El Pueblo Shuar Arutam, una organización que dirige, vela y representa directamente a todas las comunidades Shuar en el Ecuador, estuvo presente el pasado 2 de septiembre en una conferencia realizada en Gualaquiza, provincia de Morona Santiago con el propósito de exponer abusos de la minería a grande escala en territorio Shuar.

Su Presidente, Vicente Tsakimp, le cuenta a este reportaje que aparte de este espacio de diálogo, la dirigencia del Pueblo Shuar Arutam se reunió el 18 de septiembre con el Ministerio del Medio Ambiente para buscar el espacio formal de diálogo con el gobierno federal y entregarle una propuesta sobre la minería en lo que el conglomerado de grupos indígenas señala como sus territorios.

También buscan dialogar con el Ministerio de Minería para encausar sus peticiones a la nueva administración de Lenín Moreno antes de que acabe este año.

De acuerdo a todos los pobladores de comunidades indígenas con los que esta investigación conversó, no hubo una consulta previa, libre e informada como lo prescribe la constitución del Ecuador y tratados vigentes con las Naciones Unidas.

Además, hay otras dos comunidades indígenas Shuar que podrían pasar por el mismo proceso de desalojo, ya que están dentro de la extensión total de las 10 concesiones de Explorcobres S.A.; Waapis y Kutukis.

El Ministerio de Minería no respondió a peticiones de comentario. Tampoco se pudo corroborar con dicho ministerio si se efectuó la consulta ambiental para la población no indígena en comunidades dentro de las concesiones mencionadas.

Una niña se impresiona con un libro que le muestra un habitante de Tsuntsuim. (© Ricardo Martínez)

“El proyecto afectaría a todas las comunidades que están en el río Zamora y el río Santiago, el mismo río que desemboca en el Perú”, dice Tsakimp.

El manejo de residuos por la explotación minera y el uso de agua para las operaciones son los principales riesgos que conlleva el proyecto San Carlos-Panantza, al igual que Mirador.

“El documento que queremos entregar tiene nuestro plan de vida”, explica Tsakimp.

“Queremos que la organización se convierta en una Circunscripción Territorial Indígena de acuerdo a la constitución del Ecuador antes de proyectar el desarrollo minero en la zona. También queremos una moratoria de 20 años en todas las concesiones mineras en nuestro territorio”.

De acuerdo con el Pueblo Shuar Arutam, en el territorio reclamado hay un total de 47 comunidades, 1,200 familias; en total son 13,000 habitantes.

Para Axel, se está jugando el futuro de generaciones. “[Resistir] no es para nosotros. Nosotros defendemos [nuestro territorio] para nuestros hijos”, afirma. “Tenemos costumbre de vivir aquí limpio, sano, pulcro, nada de contaminado”.

Ilse, una mujer, madre y habitante de Tsuntsuim está de acuerdo con él y reverbera la unidad entre comunidades Shuar. “Cuantas veces han venido a conquistarnos y no nos han conquistado. Pueblo Shuar unido, nunca jamás será vencido”, dice.

Y el actual síndico, o el encargado de administrar cada comunidad Shuar, Domingo Nayash de 37 años, coincide con el rotundo no a la minería del Pueblo Shuar Arutam.

“Espero que este presidente responda”, dice Domingo al referirse a la administración de Lenín Moreno.

Unas mujeres de la comunidad de Tsuntsuim con sus hijos esperando a que comience una reunión para discutir la minería. (© Ricardo Martínez)

Este reportaje fue fondeado independientemente y junto con los demás reportajes de esta serie, se busca conseguir aportes de particulares y organizaciones para lograr retratar más realidades olvidadas en la Amazonía. Para saber más de este proyecto y colaborar, entre en contacto con Ricardo Martínez, periodista y fotógrafo.